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Se habla en muchos foros económicos, de innovación y educación de la importancia que tiene el convertir nuestras sociedades en sociedades  de aprendizaje (learning societies).

El aprendizaje  tiene beneficios no sólo para el individuo (salud, economía, bienestar) sino también para la sociedad: crea riqueza, crea capacidad de resistir a los impactos económicos, reduce el índice de criminalidad y disminuye el gasto en asistencia social.

Hasta hace poco el objetivo de las políticas educativas era conseguir una alta tasa de escolarización, algunas van  más allá de eso y buscan garantizar unos estándares de calidad.

El mundo cambió…y sigue cambiando.  El sistema y prácticas educativas actuales, fueron creados y concebidos para  alcanzar un objetivo (escolarización universal), en un  marco específico: la era industrial y post-industrial (con una demanda de habilidades específicas).

Hoy los cambios  en el escenario mundial (globalización,  revolución tecnológica constante y exponencial),  provocan cambios profundos en la manera de trabajar, producir, crear, relacionarse, trabajar.  Un informe de The Boston Consulting Group, realizado a escala mundial arroja la siguiente cifra: el 72% de las empresas encuestadas ven en la innovación  la prioridad uno para crecer y ganar,  hoy y en el futuro.

¿Qué se necesita para innovar?  Eric Drexler, apunta a tres condiciones esenciales: motivación (una cultura que apoya el  cambio), capital humano (talento para promover y hacer posible el cambio)  y capacidad para movilizarse (la habilidad de la sociedad para fijarse objetivos ambiciosos).

¿Qué papel tiene la educación en todo esto? Cultura, talento, ambición de mejoras,  y si voy a lo práctico: desenvolverse con las competencias necesarias en el mundo  laboral.  Veo una relación intrínseca.

Ya se habla de  las Competencias del siglo XXI  para poder crecer y prosperar, transcribo un listado del Global Education Leaders’ Program: reunir, sintetizar y analizar información,  proactividad y autonomía, guiar a los demás por medio de la INFLUENCIA,  creatividad (traducirla en acción) pensamiento crítico, formulación de preguntas adecuadas, empatía, entendimiento del punto de vista del otro, comunicación eficaz (verbal,  escrita y “tecnológica”), ética, comportamiento emprendedor, disciplina interna, fortaleza emocional.

Estas habilidades coinciden con las competencias necesarias para innovar, y también para emprender.  Dos puntos flacos de España hoy: innovar y emprender.

Uno y otro necesitan de una cultura que los apoye y sustente. Cultura, prácticas,  y habilidades.

¿Tenemos la educación que necesitamos?

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