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Si se echa una rana en una cacerola con agua hirviendo, la rana reaccionaría de manera inmediata saltando fuera del agua. Salva su vida. Si en cambio se la mete en una cacerola con agua  natural. La rana no reacciona, se queda en el agua. Si calentamos poco a poco el agua,  la rana se adapta a los cambios suaves, aunque progresivos, de temperatura. Hasta perder la capacidad de respuesta, ya no puede saltar fuera de la cacerola. Aunque nadie le impida su salida, se queda en el agua y muere cocida.

¿Por qué traigo a colación esta parábola? Porque lo mismo que mata a la rana, la incapacidad de “ver” cambios graduales y pequeños (aunque la consecuencia sea GRANDE), mata también a empresas y profesionales.

La capacidad para ver los procesos lentos y graduales requiere bajar el ritmo, y prestar atención a lo “sutil”, no solamente al “drama”. Antes de que lo sutil evolucione a drama irreversible.  Suena a “teoría”, o “idealismo”.  Es la defensa típica de mucha gente que no quiere o no puede bajar a lo sutil. “Eso no cuenta, ahora estamos en una crisis y lo que me importa es la liquidez”. Sí, la liquidez es la sangre del negocio, pero la producción de sangre en cantidad suficiente para mantener la salud requiere el buen funcionamiento de todo un sistema. Lo sutil es parte del sistema, sin ruidos,  pero no por eso menos importante.

Para ejemplo, baste la historia de la industria automotriz en Estados Unidos. En los 60 las empresas norteamericanas controlaban el mercado interno. Los grandes de Detroit no veían a Japón como una amenaza o tema por el que preocuparse, sólo tenía un share de mercado inferior al 5 %.  Tampoco lo vieron cuando en el 1974, los japoneses estaban por debajo del 15 %. Cuando los norteamericanos empezaron a revisar sus prácticas fue recién en los 80. Los japoneses ya controlaban más del 20 % del mercado. En 1990 un 25%, y en el 2005 estaban cerca del 40%. Ya sabemos cómo siguen las cosas.

Ahora mismo, las empresas españolas están atravesando un duro y difícil momento. Viviendo el Drama. Centrados en el drama. El olor a fin que trae el drama, pone en marcha todos los mecanismos de defensa. No hay duda de lo que viene , si no se actúa. El peligro es no ver que hay más vida detrás del drama, hay todo un sistema que no deja de funcionar. Lo sutil, está ahí también.

¿A qué me refiero específicamente con lo sutil? Al desarrollo del talento, a la innovación, a la gente que es la empresa (recursos humanos, me suena a tornillo o máquina, no me gusta)  a todo eso que no hace ruido,  pero que en el largo plazo provoca un fuerte crack. Es fácil “racionalizar” una explicación de por qué se decide no invertir en la gente o en la innovación, porque es difícil demostrar la consecuencia en el corto plazo. Y por eso mismo,  las empresas y muchos profesionales (el no tengo tiempo para hacer cursos, leer libros, estar al día) están en la cacerola, bajando su capacidad de respuesta. Pero no sólo limitan su capacidad de respuesta en el largo plazo, también en el corto y mediano. El no afilar el hacha en el talento y la innovación resta fuerza para pelear el drama. El enfoque centrado sólo en el drama, pierde de vista el sistema y el “jugar” con todos los componentes para vivir y no sólo sobrevivir.

Cacerola y anteojeras. Una armadura poco recomedable para batallar el hoy y construir el mañana.

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